5 a.m. suena el despertador.
Meditación, ejercicio, desayuno, e-mails, twitter, clientes, blog, más clientes, más twitter, más e-mails, comida, más clientes, otra vez el blog, todavía más twitter, cena.
Ese es un día cualquiera para mí (por supuesto, muy simplificado).
El punto de esto es que la mayoría despertamos, vivimos nuestro día y nos vamos a dormir sin realmente hacer eso: vivir.
Así que en esta ocasión, más que escribir sobre estrategias, tips o formas de atraer más clientes a tu negocio, quiero dejarte unas cuantas preguntas que hacerte al final del día:
- ¿Hiciste sonreír a alguien?
- ¿Disfrutaste todo lo que hiciste? (TODO)
- ¿Te tomaste el tiempo de escuchar a alguien (cliente o no), con toda tu atención, mirándolo a los ojos, haciéndole sentir que sus palabras eran lo más importante?
- ¿Te diste la oportunidad de apreciar todo lo que tienes en lugar de enfocarte en las cosas que te hacen falta?
- ¿Te tomaste el tiempo de soñar a dónde quieres llevar tu negocio, tu relación de pareja, tu salud, tus finanzas, tu vida?
- ¿Dejaste atrás todos tus enojos y resentimientos?
- ¿Le dijiste a alguien que lo amas?
- ¿Le diste un beso a alguien?
- ¿Abrazaste a alguien?
- ¿Cumpliste todo con lo que te comprometiste?
- ¿Hiciste reír a alguien?
- ¿Decidiste ser feliz sin importar lo que sucediera en tu vida?
- ¿Te diste permiso de ser tú, sin importar lo que los demás pudieran pensar?
- ¿Qué hiciste hoy para que el mundo sea mejor?
- ¿Fuiste amable con todas las personas con las que tuviste contacto hoy?
- ¿Pusiste tu corazón y tu energía en todo lo que hiciste hoy?
- ¿Qué aprendiste? ¿Sobre alguien más, sobre ti, sobre tu negocio, sobre la vida?
- ¿Te diste permiso de equivocarte?
- ¿Cuántos riesgos tomaste?

















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