Siempre he pensado que la relación que tenemos con nuestros clientes es como una relación amorosa: El día que conocemos a alguien que nos atrae, nos acercamos y le pedimos que se case con nosotros y tengamos 3 hijos…
¡POR SUPUESTO QUE NO!
Primero notas a la persona que se te hace atractiva. Cruzan miradas. Tal vez una sonrisa. Te acercas, te presentas. Platican. La escuchas. Intercambian teléfonos o e-mail. Unos días después la invitas a salir, cenan juntos, platican. Y así por algunos meses hasta que la relación se vuelve cada vez más seria.
Durante todo este tiempo de cortejo, los detalles son esenciales. Las flores sólo porque sí. Las llamadas y SMS sólo para saludar. Los chocolates que le escuchaste decir que le encantaban o boletos para el concierto de su grupo favorito.



Todos tenemos miles de creencias, tanto positivas como negativas, que nos hacen actuar y percibir las cosas de cierta manera, en nuestra vida y en nuestros negocios.










